
La reciente cooperación entre República Dominicana y Chile en materia de riego y sostenibilidad agrícola marca un paso importante hacia una gestión más moderna y eficiente del recurso hídrico. El intercambio de experiencias técnicas con Chile —país referente en manejo del agua en condiciones climáticas complejas— abre una ventana estratégica que debemos saber aprovechar.
República Dominicana cuenta con 32 provincias, de las cuales 16 tienen costas. Esta realidad geográfica, sumada al crecimiento poblacional, la presión sobre el agua dulce y los efectos del cambio climático, nos obliga a pensar el recurso hídrico con visión de Estado.
Chile ha desarrollado una política pública sostenida en materia de agua, combinando tecnificación del riego, eficiencia agrícola y más de 20 plantas desalinizadoras que hoy abastecen zonas urbanas, agrícolas e industriales. La desalinización ya no es una opción futurista: es una herramienta concreta para garantizar seguridad hídrica.
En nuestro caso, evaluar la desalinización del agua de mar para uso urbano, agrícola e incluso minero debe formar parte del debate nacional. Las condiciones del Caribe podrían ofrecer ventajas competitivas frente a aguas más frías como las del Pacífico, lo que merece estudios técnicos serios y rigurosos.
La cooperación con Chile en riego sostenible es una oportunidad para ampliar la conversación hacia una estrategia integral de gestión del agua que incluya:
Tecnificación del riego agrícola
Uso eficiente y reducción de pérdidas
Innovación tecnológica
Evaluación de plantas desalinizadoras en zonas costeras
Alianzas público-privadas para viabilidad financiera y ejecución
Pensar el agua es pensar en productividad, seguridad alimentaria, desarrollo territorial y estabilidad social.
Si queremos garantizar el crecimiento sostenible de la República Dominicana en las próximas décadas, debemos anticiparnos. El agua no puede ser solo un tema ambiental; debe convertirse en un eje estratégico de desarrollo nacional.
La cooperación internacional nos ofrece herramientas. Ahora corresponde tener la visión y la voluntad de convertirlas en políticas públicas de largo plazo.









